editorial

Internet ofrece acceso a todos a la información.

Esto hace que el Poder se ponga nervioso.

La transparencia es la mejor defensa contra la uniformidad de la información y el punto de partida para hacer retroceder las barreras existentes.

¿Cómo puede justificar un Gobierno denegar a su propio pueblo el acceso a informaciones que deberían ser públicas?

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Un mundo feliz” es un clásico de la literatura del siglo 20. Con ironía mordiente, el genial autor Aldous Huxley plasma ya en 1932 una sombría metáfora sobre el futuro, muchas de cuyas previsiones se han materializado, acelerada e inquietantemente, en los últimos años. El relato describe un mundo en el que finalmente se han cumplido los peores vaticinios: triunfan los dioses del consumo y la comodidad, y la población idiotizada se organiza en zonas en apariencia seguras y estables. Sin embargo, este mundo ha sacrificado valores humanos esenciales, y sus habitantes son procreados in vitro a imagen y semejanza de una cadena de montaje…

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Internet es el sistema operativo de la política. Ideas, mensajes, noticias, información, dinero, rebotan en todos los lugares en minutos, cruzan los territorios y en tiempo real a lo ancho del planeta.

Bancos, empresas, gobiernos, oenegés… todas las organizaciones utilizan Internet para hacer negocios, para organizarse y para acelerar las comunicaciones.

La tecnología de Internet está implicada en casi todo lo hecho en la política actual.

Pero Internet no es la zona libre de explotación como sus primeros desarrolladores esperaban. Contrariamente a la creencia popular, los gobiernos han mostrado una mayor disposición a intentar intervenir para controlar la comunicación también a través de Internet.

Álvarez Areces, tan manipulador como ha dejado ver a lo largo de su trayectoria política, ha puesto en marcha un aparato que, tras dos años de andadura, no ha hecho más que confirmar los peores presagios.

No sólo como un intento de idiotizar a la población, harta ya de tanta mentira que le da todo igual, sino como mecanismo con el que financiar favores y repartos de poder entre sus acólitos y aduladores.

Y todo ante el asombroso pasotismo de los encargados de controlar los desmanes de nuestros gobernantes. ¿Para qué tenemos un Parlamento? ¿Para qué tenemos una oposición? ¿Para qué tenemos una Sindicatura de Cuentas? ¿Para qué tenemos una Intervención General? Parece que para nada.

Hoy en día hay indicios más que razonables para abrir una investigación de oficio y averiguar porqué sistemáticamente las grandes partidas presupuestarias acaban siempre en las mismas manos, ya sea en la comunicación o en otros campos mercantiles. Y siempre con ese fino barniz que pretende darle apariencia de legalidad pero bajo el que todo empresario sabe lo que hay. Calla o cierra tu empresa. Toma pero no muerdas la mano que te da de comer.

Son las miserias de una región subsidiada, condenada a los desmanes de quien maneja el dinero público que hace mover una comunidad que va de mal en peor.

En estos momentos en que la información está más controlada y manipulada que nunca, abrimos esta ventana para respirar aire no viciado y poder denunciar las cosas sin tapujos y ni partidismos. Con rigor y pruebas de cada una de las afirmaciones que aquí se hacen.

Una ventana abierta a la colaboración y participación ciudadana. Libertad de expresión pero respetando las elementales reglas de la ética. Sólo nos importan las personas… con ellas construimos este medio, y de su actividad pública hablamos, tengan la orientación política que tengan.

Noviembre de 2008