El vasallaje a Arias de Velasco

El vasallaje a Arias de Velasco

Que Arias de Velasco es un trilero y le gusta tirarse faroles no es ninguna novedad. En una entrevista que publica hoy elcomerciodigital.com deja sobradas muestras de ello. Además de adentrase en esas artes tan difícil de dominar, y que él borda a la perfección, que son el cinismo y la hipocresía.

Empieza con el titular: “No estoy en absoluto preocupado por los apoyos, tenemos suficientes”. Que su contrincante haya reunido públicamente 18 de los 23 apoyos que necesita para ser elegido presidente y que de Arias de Velasco, a pesar de fanfarronear de tener los “apoyos suficientes” no se haya hecho pública más que la negativa expresa de la Unión de Comerciantes de Gijón a apoyar su candidatura, es más que revelador. Eso a sólo un mes de las elecciones. Con su carácter pendenciero, haciendo amigos, suelta un par de perlas que no tienen desperdicio, de esas que sólo un personaje como él se atrevería a dejar escritas en letra impresa para la posteridad en un diario.

Primero se despacha con la Unión de Comerciantes de Gijón mostrando su desprecio por la asociación: “Esto no significa nada. En las elecciones a la Cámara no votan las agrupaciones, sino las empresas. Y estas empresas, que tienen voto secreto, no tienen por qué estar de acuerdo con la decisión de un comité ejecutivo de tal o cual asociación. A la Unión de Comerciantes, por ejemplo, sólo pertenecen un determinado número de comercios, ni siquiera la mayoría”. No sólo menosprecia su peso sino que dice abiertamente que los acuerdos que toma su ejecutiva no sirven para nada. Eso sí, hace cuatro años cuando era presidenta su acólita Ana Menéndez era el no va más.

A Félix Baragaño le regala una de sus frases antológicas llenas de veneno y mal disimulado deseo de tirarse a su yugular, primero diciendo con gran hipocresía que tiene virtudes para luego sacar el cuchillo e intentar rebanarle el cuello de un tajo en la carótida: “Entre las indudables virtudes que adornan a Félix Baragaño no se encuentra la de hacer bien los números, como se puso sobradamente de manifiesto en su última responsabilidad pública”. Pongan ustedes el calificativo que quieran pero está claro que Arias de Velasco ha abierto la veda para la caza mayor.

Cuando le preguntan si intentará ser presidente, algo a lo que rehusó contestar hace apenas cuatro días, se pone en plan Julio César y acude a hablar de él mismo en tercera persona: “Luis Arias es tremendamente respetuoso con el proceso electoral, y hasta el 9 de febrero [suponemos que quiere decir 9 de marzo, fecha de las elecciones] este proceso señala que son las empresas las que se presentan para ser elegidas para el plenario. A partir de ahí, las 45 electas designarán a quién quieren que las represente en el pleno y esos representantes elegirán a su vez al comité ejecutivo y al presidente. Entonces será el momento de decir: por supuesto, nuestro proyecto está vigente, porque no queremos involuciones”. Repulsivo, ¿qué otra palabra se le puede ocurrir a uno?

Sí, “involuciones”, porque viene a decir que todo aquello que no sea su proyecto significa volver al siglo 19. Sólo el César Arias está capacitado para pilotar la nave de la Cámara al siglo 21. Entre esas mejoras dice que la Cámara se preocupa ahora más de las empresas asociadas. Sí, sobre todo de la suya… a la que adjudicó un contrato por la cara que después ni siquiera ejecutó, aunque sí cobró los más de 200.000 euros. Eso sí que es preocuparse por las empresas. Tendrá caradura el tipo…

Para cualquiera que conozca las miserias del personaje está claro que no las tiene todas consigo, ni mucho menos. Sólo declararía ahora que se presentará a la presidencia si significa ir a caballo ganador, con todas las habas contadas. Y no las tiene. Deja abierta la puerta de atrás para que el día 26, cuando ninguna empresa pueda presentar su candidatura porque no tendrá mayoría absoluta, pueda decir que él nunca dijo que se presentaba a la reelección. Juegos de palabras que no engañan a nadie. Más bien revelan que ni él mismo cree en sus posibilidades y no son más que continuas bravuconadas propias de su personalidad.

No, Arias de Velasco no dice que se presenta como candidato a la reelección como presidente de la Cámara de Comercio de Gijón pero utiliza sus influencias para que La Nueva España publique hoy un panfleto que apesta a electoralismo barato en el que pretende hacer una exaltación de sus logros al frente de la Cámara, buscando descaradamente el apoyo de las pequeñas empresas, fundamentalmente de Langreo y Carreño.

Un diario que no ha hecho la más mínima referencia al escándalo que se produjo con la dimisión de Ana Menéndez en la Unión de Comerciantes de Gijón, que no ha publicado ni una sola noticia referente al hasta hoy único candidato a la presidencia de la Cámara de Comercio. Pero acuden raudos a publicar ese panfleto propagandístico que nada tiene ni de información ni de noticia. Lo de La Nueva España en este tema apesta.

En ese folletín que publican, más propio de una hoja parroquial que de una declaración de intenciones, va y dice sin ningún pudor: “No me importa confesar la sorpresa e incluso la tristeza que me produce el intento de regresar a tiempos ya superados, en los que la entidad era refugio y escaparate de sólo una parte del empresariado. Precisamente de aquellos que menos la necesitan y que podrían volver a utilizarla como un espacio donde alimentar y sostener vanidades o solucionar problemas personales”.

Un presidente de la Cámara al que la Justicia en sentencia judicial firme le ha recordado hace apenas tres meses que ha utilizado la institución cameral para beneficio de su propia empresa. ¿Cómo se atreve a decir que los que vengan “podrían volver a utilizarla como un espacio donde alimentar y sostener vanidades o solucionar problemas personales”? Esto define al personaje.

Su prepotencia y grandonismo sale a relucir cuando le preguntan en elcomerciodigital.com por quién se presentará al pleno.”Yo no tengo que presentar ninguna candidatura. Tengo muchas ofertas”. Ofertas que no se han concretado y que, aunque se concreten, siendo minoría en el pleno no le servirán absolutamente de nada.

Es conocido y notorio que hay empresas que apoyan a Arias de Velasco porque están bajo su yugo. Ya lo hizo en la Asociación de Productoras de Televisión de Asturias (APTVA) y de todos es conocido cómo funciona este personaje que amenazó, literalmente, con partirle la cara a un disidente delante de varios testigos. Otra técnica es vincular la supervivencia económica de la empresa que le debe apoyar a su incondicional subordinación. Más que del siglo 21 es del siglo 9, cuando el vasallaje campaba por sus anchas en la época carolingia. Eso si no hay que hablar de servidumbre, más patética si cabe.

Otro asunto en el que hay que tener valor. Los trabajadores y, especialmente, Mercaplana. Cuando le comentan -algo evidente, por otra parte, con la cantidad de juicios que ha perdido e indemnizaciones que ha tenido que pagar la Cámara- que “en el ámbito laboral, el suyo ha sido un mandato convulso”, va y se despacha como si del síndrome de la Moncloa se tratase: “Yo no lo creo. Lo que sucede es que siempre que hay cambios surgen reticencias, obstáculos que hay que superar”. Como partirle la cara a alguien para que esté de acuerdo con él, obstáculos que hay que superar… como sea.

De todas las cuestiones que se le plantean, ni una mínima muestra de diálogo, de posibilidad de haberse equivocado en algo. A todo responde rotundamente “no”, las culpas son de otros, de las circunstancias, aquí no ha pasado eso… El descuido de la actividad ferial, la desaparición de Turicom y de Mercaplana, la convulsa situación laboral dentro de la Cámara de Comercio, el frenazo a Gesferia… Y eso que el periodista no se ha atrevido a preguntarle por lo más grave, la sentencia judicial que prueba que adjudicó un contrato a su propia empresa. Son cosas que no han ocurrido, según Arias de Velasco.

A ver si Baragaño, ahora que Arias de Velasco ha abierto la veda a la caza mayor, no se acojona y se atreve con ese tema…




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