Hay que ser hortera (o algo peor)

Hay que ser hortera (o algo peor)

Hace años, cuando se empezó a desarrollar el proyecto de televisión autonómica y llegó el momento de ponerle nombre a la criatura, se barajó de todo. La primera propuesta del impulsor, actual viceconsejero de Cultura Fernández León, en un intento de ser moderno -como no podía ser de otra manera-, fue COMPAS, COMunicación del Principado de ASturias. La horterada en cuestión pretendía justificarse como referente forzado de la anglosajona brújula -compass, que se diría en la lengua de Shakespeare-. Mal empezaba la cosa pública con semejante ocurrencia. En fin, esas cosas de la identidad asturiana y un nombre con referencia al inglés no parece que encajen demasiado bien.

La segunda ocurrencia -que trascendió- surgía en momentos en que se sabía en los círculos socialistas -y, por tanto, próximos a Prisa- que Canal+ iba a dejar de emitir la parte de su programación en abierto -exigido por ley- para pasar a ser totalmente una plataforma de pago, como es actualmente. Entonces el canal ocupaba en todas las casas el dial número 4.

Poco a poco se había ido adjudicando de manera natural y espontánea el botón del mando a distancia a cada una de las cadenas que emitían.

TVE fue la única cadena durante muchos años -desde 1956-, hasta que diez años después empezaba su andadura el segundo canal -que entonces se conocía como UHF, Ultra High Frequency, que era la banda en la que emitía, mientras TVE lo hacía en VHF, Very High Frequency- y no llegaba a todo el territorio español. En Asturias no se pudo ver la UHF hasta bien entrados los 70. ‘Panorama Regional’ empezó su emisión en 1974.

En 1990 llegó la televisión privada. Antena 3 ya existía como radio y su nombre nada tenía que ver con ninguna intención de posicionarse en ningún dígito del mando a distancia, un artilugio que hasta entonces casi no tenía sentido. El caso de Telecinco era similar -en cuanto a aspiraciones de posicionamiento en el mando a distancia- ya que era el equivalente castellano, aunque de igual escritura que en italiano, a su homóloga de la propietaria italiana Mediaset, ahora denominada Canale Cinco.

Por tanto, era de lógica mnemotécnica colocar a TVE1 en el 1, TVE2 en el 2 -que se denominaron así hasta 1990, cuando pasaron a llamarse La 1 y La 2-, Antena 3 en el 3 y Telecinco en el 5. Naturalmente, Canal+ se colocaba en el número sin propietario, el 4.

En esos momentos -2005- en los que se sabía que Canal+ iba a dejar de emitir en abierto, el impulsor de esta televisión autonómica que hoy tenemos se empeñó en intentar conquistar el botón número 4 del mando a distancia. Y encargó a Zamorano Asociados, agencia publicitaria madrileña de la corte del rey Vicente, un estudio del posible nombre, logo y eslogan de la futura cadena autonómica. Así parieron Asturi4s, donde el 4 pretendía ser una suerte de A y trataba de convencer al personal para que sintonizase la autonómica asturiana en el botón número 4 del mando a distancia.

En estas, efectivamente, Canal+ deja de emitir en abierto… pero la licencia de emisión se mantiene en la empresa concesionaria Prisa que sustituye el canal de pago por una emisora en abierto y, en un alarde práctico, lo llaman Cuatro.

Rápidamente -o no tanto- Fernández León reacciona y contrata a Fernando Gutiérrez, diseñador nacido y formado en Londres -a pesar de los bulos difundidos desde el entorno del viceconsejero de que ha nacido en Asturias-, ciudad en la que trabajó para Pentagram desde 2000 hasta que, en 2006, abre The studio of Fernando Gutiérrez. El objetivo era entonces el 6. Y nace el actual logo, el actual nombre y el actual eslogan.

La ‘a’ es el “reflejo de ti” -eslogan de la cadena pública-, y ese reflejo de la ‘a’, tan cuadradita ella, pretendía ser un ‘6′. La carísima campaña de presentación fue un holograma en el que se podía ver en la misma imagen la ‘a’ y el ‘6′ formados por los cuadrados azules del logotipo (manual de identidad visual, páginas 9 y 10).

Esta televisión nuestra -o suya, según se mire quién la paga y quién la utiliza-, siempre tan vanguardista y tan atenta a la actualidad, ve como empieza a emitir otra cadena privada que Zapatero se saca de la chistera para comenzar a crear el imperio mediático que dé por saco a Prisa. Y de la mano de Roures nace el nuevo canal que se llamará, en un nuevo alarde de originalidad hispánico… laSexta.

Y Fernández León vuelve a quedarse con un palmo de narices.

Ahora vemos que, como guinda de la renovación de imagen corporativa (¿?) cambian la mosca y, en un redoble creativo que ha costado un montón de miles de euros, llaman a la televisión autonómica A7 -y A8 al segundo canal- porque, según la propia nota de prensa de TPA “facilitará su sintonización en las posiciones 7 y 8 de los canales del televisor”. Vamos a ver, Ornia… Lo de “facilitar” es para partirse. Ese no es el problema. Era igual de fácil antes que ahora. Y además, ya existe un canal de Telecinco que se llama “La Siete” y uno de Antena 3 que dice “Somos el Ocho”… Oviedo Televisión pasó a ser en su logo OTV con un 7 dentro de la O, Localia incorporó un 8 a su logo -y desapareció-…

Con esta tomadura de pelo, desarrollada “bajo la dirección y supervisión de Fernando Gutiérrez” -manda huevoooooos-, “la tipografía cambia a una fuente nuezeit con formas más redondeadas que transmiten una mayor calidez”. Aaaaaah, bueno, si transmite más calidez pues vale -por cierto, el nombre de la fuente es ‘Neuzeit‘, no ‘nuezeit’ como dice la nota de prensa-.

Acaba el año y todo el balance que puede hacer el Director General de RTPA es que ha fundido 34,3 millones “oficiales” de euros, anda por una audiencia media en torno a 15.000 espectadores diarios, apenas tiene programación propia -y la que tiene no interesa a los asturianos-, se gasta gran parte del presupuesto en las dietas de los consejeros -2.000 euros al mes a cada uno de los 15 elegidos por las dos reuniones a las que acuden, 360.000 euros anuales-  y los sueldazos de los directivos, organiza vergonzosas convocatorias de empleo público que deja desiertas -recordemos que el próximo año se reducirá la plantilla de TPA-, cada vez se externalizan más funciones de un servicio que parece todo menos público y, para colmo, en el informe de fiscalización de las cuentas del primer año de emisión -2006- la Sindicatura, equivalente autonómico al Tribunal de Cuentas del Estado, dice que maquilló la cuenta de resultados y cometió hasta 23 irregularidades en los 59 contratos que presentó para su análisis.

Y para rematar el año, nos salen con la ocurrencia de A7. Como si los alucinados asturianos nos fuesemos ahora a dar cuenta de que no vemos la televisión autonómica porque no la tenemos sintonizada en el número 7 de nuestro mando a distancia. O porque la tipografía no era lo suficientemente cálida. Definitivamente, Pérez Ornia cree que somos gilipollas. Menos mal que nos “facilitará su sintonización en las posiciones 7 y 8 de los canales del televisor”. Va a ser que por eso no ve la TPA ni dios…




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