No haremos una televisión aldeana
Hace cinco años, en enero de 2004, cuando ya se hablaba -como algo que se iba a hacer contra viento y marea- del proyecto de ente de comunicación, podíamos leer en grandes titulares ‘No haremos una televisión aldeana‘ como declaración de principios del impulsor de RTPA.
Si por aldea se entiende una población menor de 15.000 espectadores -audiencia media diaria de TPA-, es evidente que es una televisión aldeana. Que el personaje en cuestión utilizase la expresión ‘aldeana’ como algo despectivo en una tierra de raíces rurales como Asturias resulta inimaginable. Y más siendo él mismo uno de ellos -de la gijonesa parroquia de Pinzales-, aunque es conocido el rechazo visceral a sus orígenes. Por tanto, hoy, cinco años después, se puede afirmar -sin ni siquiera entrar a valorar sus contenidos- que TPA es una televisión aldeana.
El personaje empezaba diciendo en la entrevista concedida al diario subvencionado por el gobierno a través de la publicidad institucional -y que hoy está al borde de la desaparición, parece que la fecha para ello será octubre próximo-, que “la mayoría de los asturianos quieren un ente público de comunicación propio de la comunidad”. No parece que 15.000 espectadores sean una mayoría dado que la población de Asturias sobrepasa el millón de habitantes.
Entonces también nos vendía la moto de que la sede de Gijón sería provisional: “El proyecto de Llanera se ejecutará cuando se den las condiciones técnicas adecuadas. Se están produciendo novedades en el campo tecnológico y vamos a hacer una apuesta muy fuerte por un sistema integrado de gestión y por una redacción única. Un diseño tan novedoso aconseja no precipitarse. Cuando todo esté en marcha será el momento de tomar decisiones sobre la instalación definitiva”. Parece que para el gobierno las cosas van lentas cuando se trata de valorar la situación, así va Asturias… Una cosa es no precipitarse y otra dejar que pasen tres años, seguir con un modelo de gestión totalmente desastroso cuya huida hacia adelante consiste en la externalización de todos los servicios que se les ocurra. Vamos, que están privatizando la tele para que sus amiguetes pillen los contratos y nosotros, los sufridos pagadores de impuestos, carguemos con el pufo.
Claro que ya trataba de colarnos un gol diciendo que “hay otras fórmulas de financiación, con la venta de productos de calidad y las coproducciones. El Gobierno tratará de convencer al Consejo de que debe evitarse el déficit”. Hoy, tres años después, no hay productos de calidad, no hay coproducciones y el ente público de comunicación nos cuesta 34,3 millones de euros, un 43 % más que cuando empezó. Y eso sólo en tres años. No se si eso será déficit o no, pero lo que si está claro es que es un buen desembolso que sale de los impuestos de los asturianos. Lo único que sí ha cumplido -y con creces-, es que el Gobierno influya en el Consejo de Administración, pero no precisamente para evitar el déficit sino para que mire para otro lado ante las irregularidades y desmedidas cometidas por la Dirección General del ente de comunicación, cuyo máximo responsable no es otro que José Ramón Pérez Ornia, del que decía entonces el susodicho entrevistado que sólo “propondremos el nombre, será alguien con experiencia en más de un medio y con un aval que profesionalmente le cualifique”. Sí, aval como comisario político.
Finalizaba el ínclito orador -más bien, parlanchín- diciendo que “nuestro objetivo es que todos los asturianos nos visiten a diario”. Soñar es gratis. Hoy, cinco años después de soltar semejante chorrada, sólo un 1,5% de su objetivo se ha hecho realidad. Qué gran éxito.
¿Y quién era este profeta? Nada menos que el ideólogo, el propulsor de esta televisión localona, entonces director de la Agencia para el desarrollo de la Comunicación y Proyectos Culturales, y hoy actual viceconsejero de Cultura, Jorge Fernández León.


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